El Ingreso Hospitalario

Una de las experiencias que más temen aquellas personas que sufren de algún trastorno mental es su primer ingreso en la unidad psiquiátrica de un hospital, quizá debido a la imagen proyectada por el cine y la televisión y el desconocimiento real del funcionamiento del pabellón psiquiátrico de los hospitales. Sin ningún genero de dudas la imagen de las camisas de fuerza y la de los pacientes atados a las camas hospitalarias tiene mucha fuerza y permanecen grabadas en nuestra mente desde la primera vez que las vemos.

Recientemente a raíz del 7º congreso de Entre Voces en alguna red social existe el debate sobre la verdadera naturaleza de estos pabellones, en algún caso han sido definidos como lugares de espera: Espera de la hora de fumar, de las comidas, de la llegada de los voluntarios para dar un paseo fuera de la unidad, de la llegada de las visitas, que en algunos pacientes están restringidas, etc. Siendo esto cierto, yo mismo lo he conocido, en un primer momento por el ingreso de un amigo hace unos años y posteriormente por mi propio ingreso, también es cierto que el ingreso hospitalario en la unidad psiquiátrica en algunos casos es visto por el propio paciente como un hecho beneficioso. En mi propio ingreso pude conocer a un joven que llegó al hospital tras un proceso de deterioro debido al consumo de drogas, en este caso mariguana, sus palabras, el día anterior al de su alta, fueron en todo momento positivas en relación a su larga estancia, el lo definió como un reset de la mente.

En cuanto a mi experiencia del ingreso en la unidad psiquiátrica del Hospital Consorcio de Terrasa, esta fue necesaria tras seis días sin dormir (no más de cuatro horas por día) y no encontrar solución ni en mi psiquiatra de referencia, ni en las sucesivas visitas a urgencias que hicimos. Además dado mi desconocimiento del funcionamiento de estas unidades, las horas previas al ingreso, una vez decidida su conveniencia, estuvieron marcadas por el miedo e incluso por la expresión de pensamientos completamente alejados y fuera de la realidad del tipo Nunca saldré del ingreso. Mi ingreso fue corto, de martes a lunes con un “permiso de fin de semana” durante el cual seguí las mismas rutinas establecidas en el hospital. A pesar de su brevedad tanto mi pareja como yo mismo notamos rápidamente una mejoría del trastorno del sueño que motivó el ingreso.

Si por un lado, aún siendo cierto que para acceder y salir de estas unidades psiquiátricas de los hospitales hay que hacerlo a través de una puerta que permanece cerrada la mayor parte del tiempo y que solo puede ser franqueada cuando se solicita al equipo de enfermería, no es menos cierto que los pacientes ingresados, por lo menos en el hospital en el que estuve ingresado, disponen en sus amplias habitaciones de televisión, previo pago, teléfono directo el cual puede, además de recibir llamadas directas -sin paso por centralita- desde el exterior, realizar llamadas, igualmente previo pago. Entre el sencillo mobiliario del que yo pude disfrutar había, junto a una mesa con ruedas, un sofá de tres plazas, un sillón reclinable y, obviamente la cama de hospital. También un aseo sencillo. Siendo las duchas comunes. En todo caso estas instalaciones se corresponden a las del Hospital Consorcio de Terrasa, Hospital perteneciente a la red de la Sanidad Pública.
Por otra lado, aunque, como ya he comentado, algunos pacientes tienen restringidas sus visitas, también puede darse el caso de que el equipo médico no establezca ninguna restricción de visitas ni en su número ni en su duración, respetando en todo caso el horario normal del funcionamiento de este tipo de unidades.

Por lo tanto conviven estas dos realidades, la de los pacientes caminando a lo largo del pasillo arriba y abajo a la espera de los horarios que les permitan hacer cosas y para quienes el ingreso puede resultar duro, y aquella en la que el propio paciente obtiene una experiencia positiva del ingreso.

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